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DR 026: Agricultura Fronteriza Tamaulipeca

en October 22, 2025

Ubicación estratégica en la frontera del desarrollo hidroagrícola de México

Autor: AgroCity Prensa| Fecha: 22 de octubre de 2025| Categoría: Tecnificación del Campo

🏷️ Palabras Clave

Términos clave: Distrito de riego 026, Cuenca Río Bravo, Tamaulipas, infraestructura hidroagrícola, región hidrológica 24, agricultura de riego, frontera México-EUA, Tratado de Aguas 1944, Presa Marte R. Gómez, PNTIR, tecnificación de riego, gestión hídrica, eficiencia agrícola

Donde el río traza la historia

En la porción norte central de Tamaulipas, donde el Río Bravo dibuja con precisión geopolítica la frontera más transitada del planeta, existe un territorio que desafía la aridez del noreste mexicano. No es casualidad que aquí, entre las coordenadas 26°33' - 25°37' N y 99°17' - 97°59' W, a una altura promedio de apenas 80 metros sobre el nivel del mar, prospere una de las zonas agrícolas más productivas del país. Hablamos del Distrito de Riego 026 Bajo Río San Juan, una infraestructura hidroagrícola que desde 1939 ha transformado 79,270 hectáreas de planicie semiárida en el motor económico de seis municipios tamaulipecos; Mier, Miguel Alemán, Camargo, Díaz Ordaz, Reynosa y Río Bravo.

Pero este distrito es mucho más que hectáreas cultivadas y volúmenes de agua. Es un espacio donde convergen la ingeniería hidráulica, la diplomacia internacional, la gestión comunitaria del agua y ahora más que nunca la urgencia de la sustentabilidad hídrica. Bienvenido al corazón agrícola de Tamaulipas, donde cada gota cuenta una historia y cada surco es un acto de resistencia contra la escasez.

Ubicación geográfica del DR 026.
Figura 1. Ubicación geográfica del DR 026.

La geometría del agua: posición estratégica en la RH-24

Para entender la verdadera dimensión del DR 026, debemos primero comprender su contexto hidrológico. Este distrito se inserta en la Región Hidrológica 24 RH-24, denominada Cuenca del Río Bravo, la más extensa del territorio nacional con 379,604 km² que representan el 19% de la superficie de México. Esta cuenca colosal abarca 141 municipios distribuidos en cinco estados; 52 en Chihuahua, 47 en Nuevo León, 31 en Coahuila, 10 en Tamaulipas y 1 en Durango.

La RH-24 se divide en dos grandes subregiones con características hidrológicas diferenciadas; la región hidrológica 24 poniente, que incluye la subcuenca del río Conchos (Chihuahua, Durango y Coahuila), y la región hidrológica 24 oriente Bajo Río Bravo, donde se localiza nuestro distrito de interés. Esta última comprende aproximadamente 47,505 km² y abarca territorio de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, con el río Bravo y sus tributarios particularmente el río San Juan, el río Álamo, el río Salado y el río Florido como arterias vitales del sistema.

Región hidrológica 24 en el contexto nacional.
Figura 2. Región hidrológica 24 en el contexto nacional.

La posición del DR 026 dentro de esta macroregión no es fortuita. Se ubica precisamente en el extremo oriental de la cuenca, donde las aguas superficiales del río San Juan reguladas por la Presa Marte R. Gómez encuentran su destino agrícola antes de que el sistema hidrológico complete su trayecto hacia el Golfo de México. Esta localización estratégica convierte al distrito en una pieza fundamental del complejo rompecabezas hídrico binacional, subordinado a los flujos determinados por el Tratado Internacional de Aguas de 1944, del cual hablaremos más adelante.

Cinco unidades, trece módulos: la anatomía operativa

El distrito no es una extensión homogénea de terreno irrigado, sino un sistema complejo organizado en cinco unidades de riego que responden a diferentes fuentes de abastecimiento y lógicas operativas. Esta estructura no surgió de una planificación centralizada, sino de la evolución histórica de la infraestructura y las necesidades productivas de la región.

Unidades I, II y III: el corazón gravitacional

Las tres primeras unidades que concentran la mayor superficie del distrito con aproximadamente 76,690 hectáreas de riego, se alimentan de la Presa Marte R. Gómez, construida entre 1936 y 1943 sobre el río San Juan en el municipio de Camargo. Esta monumental obra hidráulica, con una cortina de 5,890 metros de longitud y 46 metros de altura máxima, almacena en condiciones normales 829.9 millones de m³ (Mm³) a su Nivel de Aguas Máximo Ordinario (NAMO), aunque con un metro adicional de tableros puede alcanzar los 994.7 Mm³. Desde esta presa, el agua viaja por gravedad a través del Canal Principal Guillermo Rhode y una red de canales secundarios que suman cientos de kilómetros.

La Primera Unidad integra un único módulo (Módulo I-1, Asociación de Usuarios de la Primera Unidad Miguel Alemán, A.C.), mientras que las Unidades Segunda y Tercera se subdividen cada una en cinco módulos de riego, generando diez asociaciones civiles de usuarios con autonomía operativa y administrativa. Esta estructura modular surgió del proceso de transferencia del distrito a los usuarios, concretado entre el 5 de noviembre de 1992 y el 29 de diciembre de 1993, cuando el Estado mexicano ,en cumplimiento de la política de descentralización impulsada por la Ley de Aguas Nacionales, entregó la operación, conservación y administración de la infraestructura a organizaciones autogestionarias de productores.

Unidades IV y V: la independencia del bombeo

Las Unidades Cuarta y Quinta responden a una lógica diferente. Creadas por decreto del 16 de julio de 1953, estas unidades se alimentan mediante bombeos directos del Río Bravo, independizándose del sistema de presas. Cada una integra un solo módulo; el Módulo IV-1 (Asociación de Usuarios de la Cuarta Unidad del Bravo, A.C.) y el Módulo V-1 (Asociación de Usuarios de la Quinta Unidad Sistema de Bombeo Mier Falcón, A.C.). El decreto de creación especificó que estas unidades quedarían integradas por "todos los terrenos de propiedad privada, ejidal y particular, y por los terrenos correspondientes a las zonas federales de los ríos Bravo, Álamo y San Juan, que se rieguen por bombeo y que se encuentren comprendidas entre la presa Falcon y la presa Anzalduas".

Esta dualidad gravedad versus bombeo define no solo la operación hidráulica sino también la economía del riego en el distrito. Mientras las primeras tres unidades dependen de la gestión eficiente del embalse y la conducción gravitacional, las unidades de bombeo enfrentan costos energéticos variables que condicionan su competitividad.

Estructura modular del DR 026.
Figura 3. Estructura modular del DR 026.

La diplomacia del agua: el Tratado de 1944 y sus implicaciones

Imposible hablar del DR 026 sin mencionar el Tratado Internacional de Aguas firmado el 3 de febrero de 1944 entre México y Estados Unidos. Este instrumento jurídico binacional, vigente hasta la fecha, establece los términos de distribución de las aguas de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo, que constituyen o cruzan la frontera común. Para la cuenca del Río Bravo donde se inserta nuestro distrito el tratado define un complejo sistema de reparto basado en aportaciones tributarias.

México se comprometió a entregar a Estados Unidos un tercio del agua que aportan los ríos Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido y Salado, con un mínimo anual de 432 Mm³ medidos en el cauce del Río Bravo. Esta obligación tiene consecuencias directas en la disponibilidad hídrica del DR 026, particularmente cuando los ciclos de sequía reducen las aportaciones naturales. El cumplimiento del Tratado genera tensiones recurrentes entre los compromisos internacionales y las demandas del sector agrícola nacional, convirtiendo la gestión del agua en un ejercicio de equilibrio geopolítico.

La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), creada por el mismo tratado, actúa como órgano técnico binacional para resolver controversias y coordinar la operación de las presas internacionales (Amistad y Falcón) que regulan los flujos compartidos. En este contexto, el DR 026 no es solo un proyecto agrícola sino una pieza del tablero de la diplomacia hídrica fronteriza, donde cada decisión sobre volúmenes, calendarios de riego y eficiencias de aplicación trasciende lo local para insertarse en el escenario binacional.

Tratado de aguas de 1944.
Figura 4. Tratado de aguas de 1944.

1993: el punto de inflexión con la Presa El Cuchillo

Si hay un parteaguas en la historia hidrológica del DR 026, es la entrada en operación de la Presa El Cuchillo (también llamada Presa Solidaridad) el 30 de julio de 1993. Construida sobre el río San Juan a la altura de China, Nuevo León, con una cortina de 10,800 metros y 43 metros de altura, esta obra represó 1,123 Mm³ en su NAMO , volumen significativamente mayor que el de la Presa Marte R. Gómez.

El Cuchillo no se construyó para el riego, sino para abastecer de agua potable a la zona metropolitana de Monterrey, la tercera área urbana más poblada de México. El Acuerdo de Coordinación Especial firmado el 9 de octubre de 1989 entre el Ejecutivo Federal, el gobierno de Nuevo León y Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey (SADM) estableció que esta presa capturaría aguas del río San Juan antes de que llegaran a la Marte R. Gómez, modificando radicalmente el régimen de disponibilidad para el distrito de riego.

Las consecuencias fueron inmediatas; la reducción de escurrimientos hacia la Marte R. Gómez obligó a redefinir los volúmenes concesionados, los patrones de cultivo y las estrategias operativas del DR 026. De golpe, el distrito pasó de una situación de relativa abundancia con volúmenes históricos que en algunos años superaban los 1,200 Mm³ a un escenario de déficit estructural que obliga a operar políticas deficitarias, donde la superficie regable efectiva quedó subordinada a la disponibilidad real en el embalse cada ciclo agrícola.

Esta nueva realidad impulsó dos respuestas complementarias; por un lado, la construcción de la Presa Derivadora Las Blancas sobre el río Álamo en Mier (concluida en agosto de 2000), que mediante un canal de interconexión permite transferir volúmenes adicionales hacia la Marte R. Gómez, sumando 84.5 Mm³ de capacidad útil al sistema; y por otro lado, la necesidad imperiosa de incrementar la eficiencia en el uso del agua, objetivo que hoy se materializa en el Programa Nacional de Tecnificación de Riego (PNTIR).

Línea de tiempo histórica del DR 026.
Figura 5. Línea de tiempo histórica del DR 026.

Integración al Plan Nacional Hídrico: más que un distrito, una estrategia

El DR 026 no opera en el vacío de sus fronteras geográficas, sino que se articula dentro de la política hídrica nacional definida en el Plan Nacional Hídrico (PNH) y operativizada a través del Programa Nacional de Tecnificación de Riego. El PNH 2020-2024 establece como eje rector la consolidación de la seguridad hídrica mediante el uso eficiente y sustentable del recurso, reconociendo que México enfrenta una creciente brecha entre oferta sustentable y demanda, agravada por el cambio climático y el crecimiento demográfico.

En este marco, el PNTIR se posiciona como el instrumento estratégico para cerrar esa brecha en el sector agrícola, que representa aproximadamente el 76% del consumo nacional de agua. El objetivo del programa es claro y ambicioso; "Aumentar la productividad agrícola mediante un uso eficiente y sostenible del agua", con una meta estratégica de "mejorar la eficiencia y el uso sostenible del agua a través de acciones de capacitación y asistencia técnica a los productores, para incrementar la productividad de los cultivos por m³ de agua y recuperar volúmenes de agua para otros usos".

Para el DR 026, esto se traduce en el Convenio de Colaboración firmado el 22 de enero de 2025 entre CONAGUA, SADER, el Gobierno del Estado de Tamaulipas y las trece Asociaciones Civiles de Usuarios. Este convenio establece compromisos específicos; recuperar progresivamente hasta 90 Mm³ anuales mediante acciones de rehabilitación y modernización de redes mayores y menores, más tecnificación parcelaria, para el período 2025-2028. Los volúmenes recuperados se destinarán al abastecimiento de agua potable para uso público urbano en localidades y municipios de la zona de influencia, materializando así el principio de sustentabilidad hídrica que articula los usos agrícola y urbano en una gestión integrada del recurso.

Integración del DR 026 en el Plan Hídrico Nacional.
Figura 6. Integración del DR 026 en el Plan Hídrico Nacional.

La Ley de Aguas Nacionales: el marco jurídico invisible pero omnipresente

Aunque los productores del distrito lo perciban como un tema lejano, toda la operación del DR 026 está enmarcada y regulada por la Ley de Aguas Nacionales (LAN), publicada el 1 de diciembre de 1992 y reformada sustancialmente en 2004 y 2014. Esta ley establece los principios fundamentales que rigen el uso, explotación, aprovechamiento, distribución y control de las aguas nacionales, así como los derechos y obligaciones de los concesionarios.

El artículo 27 constitucional base de toda la legislación hídrica mexicana declara que las aguas comprendidas dentro del territorio nacional son propiedad de la nación. La LAN operativiza este principio mediante el sistema de concesiones y asignaciones que otorga el Ejecutivo Federal a través de CONAGUA. En el caso del DR 026, las trece asociaciones civiles de usuarios son titulares de concesiones colectivas que especifican volúmenes máximos anuales, patrones de cultivo autorizados, calendario de entregas y compromisos de medición volumétrica.

El Reglamento de la Ley de Aguas Nacionales (última reforma publicada el 25 de agosto de 2014) detalla los procedimientos técnicos y administrativos que deben seguir los usuarios, incluyendo las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) aplicables; NOM-001-SEMARNAT-1996 sobre descargas de aguas residuales, NOM-011-CONAGUA-2015 sobre conservación del recurso hídrico, y otras que regulan la construcción de pozos, la medición de extracciones y la operación de distritos de riego.

Esta arquitectura jurídica aparentemente burocrática y distante define en realidad los términos del juego; qué volumen puede extraerse, cuándo, para qué cultivos, con qué sistemas de medición, y cuáles son las sanciones por incumplimiento. El convenio del PNTIR firmado en 2025 no es una gentileza gubernamental sino el cumplimiento de mandatos legales que obligan a CONAGUA a promover el uso eficiente del agua, y a los usuarios a adoptar tecnologías que reduzcan pérdidas y mejoren la productividad hídrica, todo en el marco de la gestión integrada de los recursos hídricos que establece el artículo 14 bis 5 de la LAN.

Un distrito, múltiples desafíos, un horizonte compartido

El DR 026 Bajo Río San Juan no es solo un dato estadístico en los reportes de CONAGUA. Es un territorio vivo donde 4,865 familias productoras han transformado durante más de ocho décadas el agua en alimento, empleo y desarrollo regional. Pero es también un espacio de tensiones; entre la diplomacia internacional del Tratado de 1944 y las necesidades locales de agua, entre la creciente demanda urbana de Monterrey y la sustentabilidad agrícola, entre los pequeños propietarios y los ejidatarios, entre la operación por gravedad y por bombeo, entre la eficiencia alcanzada (40-50%) y la requerida (70% o más) para garantizar la viabilidad futura del sistema.

La geometría de este distrito 79,270 hectáreas entre seis municipios, cinco unidades, trece módulos, tres presas, cientos de kilómetros de canales, y miles de parcelas no es accidental. Es el resultado de una historia de construcción hidráulica, luchas agrarias, decretos presidenciales, acuerdos binacionales y, sobre todo, de la persistencia de productores que cada ciclo agrícola enfrentan la incertidumbre de cuánta agua habrá disponible en la presa.

El Programa Nacional de Tecnificación de Riego llega en 2025 no como una imposición técnica sino como una oportunidad estratégica; recuperar 90 Mm³ para salvar el equilibrio entre agricultura y crecimiento urbano, modernizar infraestructura que tiene más de 80 años operando, capacitar a una nueva generación de productores en eficiencia hídrica, y demostrar que es posible, incluso en contextos de escasez producir más con menos agua.

En los próximos artículos de esta serie, exploraremos con detalle técnico cada componente de esta transformación; las redes mayores y menores que conducen el agua desde las presas hasta las compuertas parcelarias, los sistemas de tecnificación a nivel de parcela (nivelación láser, riego por gravedad tecnificado, sistemas presurizados), los mecanismos de medición volumétrica que permiten cuantificar ahorros reales, los modelos de asistencia técnica que transfieren conocimiento a campo, y las estructuras de gobernanza que hacen posible la gestión colectiva del agua en un distrito donde cada usuario debe pensar no solo en su parcela sino en la sustentabilidad del sistema completo.

Por ahora, quedémonos con esta imagen; el DR 026 es mucho más que 76,690 hectáreas regables entre Mier y Río Bravo. Es el corazón agrícola de Tamaulipas latiendo en sintonía con el Río Bravo, regulado por presas centenarias, gobernado por tratados internacionales, operado por asociaciones de usuarios, y desafiado a reinventarse mediante la tecnificación para garantizar su supervivencia en un siglo XXI marcado por la escasez hídrica.

La pregunta ya no es si el distrito debe tecnificarse. La pregunta es cómo lograrlo con la velocidad, escala y calidad que demanda la crisis hídrica regional. Los siguientes capítulos de este blog responderán esa pregunta, técnica por técnica, hectárea por hectárea, metro cúbico por metro cúbico.

Continúa en el próximo artículo: "Infraestructura Mayor: Las Arterias del DR 026"

Referencias técnicas:

•Tratado Internacional de Aguas entre México y Estados Unidos, 3 de febrero de 1944

•DOF, 28 de enero 2016, Estudios técnicos de las aguas nacionales subterráneas del acuífero Bajo Río Bravo, clave 2801.

•Ley de Aguas Nacionales y su Reglamento, última reforma DOF 25-08-2014

•Programa Nacional Hídrico 2020-2024, Región Hidrológico-Administrativa IX Golfo Norte

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